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Colectivo migrantas: Dar visibilidad urbana a la migración

Estela Schindel

Sobre la migración suele hablarse y escribirse mucho. Raramente, sin embargo, son los inmigrantes mismos los que toman la palabra para hablar públicamente sobre su situación. A través de sus proyectos, el colectivo berlinés migrantas se propone ofrecer un instrumento de expresión a esas existencias a menudo marginadas y hacerlas visibles en el espacio urbano. Para ello, desarrollaron un lenguaje icónico simple y universal: pictogramas. Con ellos traducen visualmente las reflexiones y sentimientos de los inmigrantes y los hacen visibles en el paisaje de la ciudad. El propósito: lograr intervenciones urbanas que reúnan creatividad, compromiso y emoción.

¿Cómo explicar la migración en una imagen?

Una mujer con pañuelo en la cabeza sonríe abiertamente y dice: “No soy terrorista”; otra figura femenina se muestra vestida de mucama, diploma en mano y con birrete académico, con la inscripción .Trabajo de inmigrantes.; una embarazada se mira la panza mientras se pregunta a dónde pertenecerá su hijo; otra mujer está parada sobre el mundo con un pie en cada continente y el corazón partido en dos.

Estos son algunos de los pictogramas que surgieron en el curso de los proyectos de migrantas y se instalaron en el espacio público de algunas ciudades de Alemania. Con ellos, el colectivo migrantas se propone hacer visible en la ciudad lo que piensan y sienten las inmigrantes, integrando sus inquietudes en el espacio urbano mediante un idioma visual contemporáneo y universal. El método de trabajo se basa en talleres, en los que las iniciadoras del proyecto conversan con otras inmigrantes acerca de sus respectivas experiencias como inmigrantes. Luego de la reflexión compartida, las participantes son invitadas a volcar sus propias impresiones y opiniones con trazos simples sobre el papel. Estos dibujos sirven de base para los pictogramas que migrantas procesa luego gráficamente para lograr la máxima síntesis y expresión. Los más representativos de ellos son impresos en gran formato e instalados en la vía pública al modo de carteles de publicidad. Así, los sentimientos y las reflexiones de las participantes se hacen visibles para el resto de la sociedad.

Migrantas ha realizado ya proyectos en Berlín y Hamburgo y ha empleado para difundir los pictogramas los medios más diversos: afiches en paradas de transporte, estaciones de metro y columnas de publicidad, así como postales de distribución gratuita y hasta animaciones digitales que fueron emitidas por la televisión del metro berlinés. A través de los distintos soportes la intención es siempre la misma: integrar, literalmente, la vida de los inmigrantes en el paisaje de la ciudad.

Comunicar con síntesis y emoción

Los pictogramas son imágenes minimalistas, como las que se encuentran en cualquier lugar del mundo en estaciones o aeropuertos. Su código simple y fácilmente reconocible permite comunicar una información básica más allá de diferencias idiomáticas o culturales. La idea original de dotar de emoción y contenido a estas figuras había sido desarrollada ya en Buenos Aires por Marula Di Como, artista argentina y co-fundadora del grupo. En su trabajo artístico, exploró las posibilidades expresivas de estos breves iconos cuando exceden su habitual función informativa y se destinan, en cambio, a conmover o interrogar. Bajo su aparente formato anónimo y neutral, los pictogramas pueden en verdad transmitir sentimientos, plantear interrogantes y, ante todo, generar identificación.

Al emigrar a Berlín en el año 2002, Marula Di Como se basó en los pictogramas para elaborar su propia experiencia de migración. Junto a Florencia Young, diseñadora gráfica, también argentina y también radicada en Berlín, desarrollaron la serie “Proyecto Ausländer”: allí ambas trabajadoras visuales tematizan las experiencias de la emigración desde un punto de vista existencial tratando cuestiones como el peso de la propia historia, la ambición de progresar, la añoranza de las costumbres compartidas o la incertidumbre sobre la posibilidad de echar raíces en tierra extraña. “¿Qué cargás?” se pregunta bajo la imagen de una mujer con un pesado fardo al hombro; “¿aquí?” se interroga una figura femenina con raíces en lugar de pies; “¿más?” es la pregunta de otra figura ante una escalera ascendente; “¿con quién?” se interroga otra tomando mate (la típica bebida “grupal” argentina) sentada a la mesa frente a una silla vacía. Esta primera serie de pictogramas fue instalada en pantallas luminosas de publicidad en el centro de Buenos Aires en enero del 2004 con ayuda de un auspiciante privado. Aunque sus autoras ya estaban viviendo en Berlín, su mensaje fue llevado así a miles de habitantes de su ciudad de origen invitándolos a confrontarse, y tal vez identificarse, con la problemática migratoria. Fueron muchos quienes lo hicieron, ya que la crisis económica que derivó en el estallido social de diciembre de 2001 en Argentina había provocado también la emigración de miles de argentinos al exterior. En un país tradicionalmente receptor de inmigrantes, que ahora se convertía en “expulsor”, numerosas personas podían reconocerse, directa o indirectamente, en los interrogantes planteados por “Proyecto Ausländer”. Algunas de ellas reaccionaron espontáneamente a la instalación enviando por correo electrónico mensajes y hasta nuevos pictogramas a la dirección que figuraba en los carteles.

Esta sorpresiva repercusión, junto a la experiencia de la multiplicidad y complejidad de las vidas de los inmigrantes en Berlín, motivaron a las autoras a ampliar la propuesta incluyendo en el trabajo a muchas más mujeres. ¿En qué medida representan estos pictogramas también la experiencia de otros extranjeros? ¿Qué les ocurre a inmigrantes que han dejado su país en circunstancias y contextos distintos a los de las autoras? ¿Qué tienen en común, y qué diferencia en cambio, a las vivencias de inmigrantes de procedencias culturales diversas? ¿Cómo reunir esas percepciones en nuevas imágenes expresivas y sintéticas a la vez?

Los talleres: de lo individual a lo colectivo

A partir de 2005, y ya como colectivo migrantas, el trabajo se amplió a inmigrantes de orígenes diversos. El método de trabajo se basa en talleres, donde las integrantes de migrantas intercambian sus impresiones y experiencias de la vida en el extranjero con las participantes. Éstos suelen tener lugar en organizaciones de y para inmigrantes y duran varias horas. Luego de una primera ronda de discusión las participantes dibujan y luego muestran y comentan colectivamente los resultados. Para migrantas, la horizontalidad es un concepto clave en estos encuentros ya que es precisamente la condición compartida de ser inmigrantes lo que facilita y promueve la reflexión compartida: no se trata de observar desde afuera lo que expresan las participantes sino de enfatizar los elementos comunes que atraviesan las biografías migratorias.

Migrantas pone a disposición de los inmigrantes herramientas de las ciencias sociales, el arte y el diseño, pero no explícitamente sino de forma lúdica y espontánea. Aunque en un primer momento puede parecer fácil, expresar sencillamente la propia experiencia con lápiz y papel suele implicar tanto una oportunidad de reflexión como un desafío. La invitación a expresar las propias sensaciones en imágenes simples y textos breves permite concentrarse en lo esencial de la problemática. Esta síntesis, sin embargo, no siempre surge fácilmente y en ocasiones se logra al cabo de varias charlas y rondas de dibujo en grupo. El trabajo en los talleres muestra que, para muchas inmigrantes, que alguien muestre interés por sus historias es una vivencia poco habitual. El trabajo de migrantas, sin embargo, está guiado por la confianza en la capacidad de las personas de reflexionar críticamente acerca de su propia situación. La conversación grupal y la escucha de otras experiencias migratorias permiten además vincular la propia historia con procesos sociales y macropolíticos. Así, la biografía individual ya no es percibida como un destino aislado y fatal, sino que puede ser interpretada como parte de desarrollos políticos más amplios.

A lo largo de los diversos proyectos han participado en los talleres mujeres de orígenes culturales múltiples. Pese a esa diversidad, resulta llamativo cómo algunos temas se repiten y emergen como cuestiones comunes, que afectan a las inmigrantes más allá de los contextos individuales. El enorme esfuerzo de acostumbramiento a la vida en un nuevo país, la añoranza de los afectos lejanos, la preocupación por el futuro de los hijos o las dificultades de la convivencia en la sociedad en que viven son, por ejemplo, temas que atraviesan las biografías más diversas.

Las acciones urbanas: de lo privado a lo público

A partir de los dibujos que surgen en los talleres, migrantas elabora luego una nueva serie de pictogramas. Éstos se basan tanto visual como conceptualmente en las ideas expresadas por las participantes de los talleres. Se procura mantener fidelidad a los originales enfatizando aquellos elementos y temas que se reiteran y procurando la mayor economía icónica posible. En ocasiones los pictogramas llevan breves textos que explican, complementan o interrogan la imagen y se basan, también, en los comentarios de las autoras originales. Suele tratarse de preguntas, ya que éstas expresan el carácter inestable y la incertidumbre de la vida de muchas inmigrantes. Además, las preguntas tendrán luego la función de interpelar al espectador.

La elaboración de una serie de pictogramas a partir de los dibujos originales no es el paso final del proyecto sino que da lugar a su momento más decisivo: la instalación en el espacio público. Esta tiene lugar a través de muestras colectivas y acciones urbanas. Las exposiciones tienen el fin de reunir una vez más a todas las participantes y realzar el valor de cada contribución individual. Junto con la serie de pictogramas y documentación del trabajo se expone la totalidad de los dibujos realizados en los talleres, generando así un espacio de reconocimiento para las mujeres que han participado. En paralelo a la exposición tienen lugar las acciones urbanas que son el elemento distintivo del trabajo de migrantas.

Al integrar anonimato y emoción los pictogramas permiten transmitir sentimientos personales sin, por eso, exponer a las participantes individualmente. Este aspecto no es menor en el caso de aquellas provenientes de culturas donde el ámbito público está vedado a la mujer. El mandato patriarcal reserva a las mujeres el espacio doméstico del hogar; en el caso de las inmigrantes, esto implica que sus ideas y emociones quedan también restringidas al intercambio en los espacios cerrados de las viviendas particulares o las organizaciones de inmigrantes. Estas últimas juegan un papel fundamental en las vidas de muchas de ellas. Sin embargo, lo que allí experimentan raramente trasciende el ámbito de esas organizaciones. Sus reflexiones y opiniones no tienen oportunidad de tomar contacto con otros sectores de la sociedad.

El propósito de las acciones urbanas de migrantas es revertir ese proceso, instalando el resultado de sus creaciones en el espacio público. Pues los movimientos migratorios que atraviesan el globo y las nuevas formas de multiculturalismo a que dan lugar ya no son hechos excepcionales sino más bien lo contrario: ellos dan las pautas políticas, sociales y culturales del mundo en que vivimos y viviremos en el futuro. Pese a la centralidad de estos fenómenos, sin embargo, los inmigrantes suelen ocupar un lugar marginal en las sociedades de acogida. Los pictogramas de migrantas se incorporan al paisaje urbano para reponer, transitoriamente, esa presencia. Son instalaciones efímeras (suelen durar un par de semanas) pero sus efectos potenciales son ilimitados. Su mensaje se incorpora a contextos inesperados y permiten reunir visualmente personas y discursos que de otro modo continuarían aislados. Especialmente para aquellos que no tienen contacto habitual con inmigrantes en su vida cotidiana, esto implica incorporar su presencia en el paisaje habitual llamando la atención sobre la importancia de su presencia en la sociedad.

Con los pictogramas se busca interrumpir la deriva urbana del peatón e invitarlo a la reflexión. En la mayoría de los casos, los observadores suelen identificarse con los pictogramas más allá de su origen y nacionalidad y reconocerse en ellos. Pues sus preguntas aluden en última instancia a cuestiones vitales que pueden afectar a cualquier ser humano, sólo que se tornan más agudas a través de la experiencia de la migración. ¿O no somos todos extranjeros, de algún modo?

Estela Schindel

Desde 2005 Migrantas ha realizado 25 talleres con alrededor de 260 participantes de 34 orígenes diferentes. Los primeros proyectos fueron llevados a cabo en Berlín: “Integration” (2005), “Interkulturelle Werkstatt” y “Bilder Bewegen” I y II (2006), financiados por la Oficinala Oficina de Cultura del distrito de Berlín-Neukölln, el Fondo Cultural Europeo y el Ministerio alemán de Relaciones Exteriores. En otoño de 2007 tuvo lugar en Hamburgo el primer capítulo de la serie “Bundesmigrantinnen”, que llevará el proyecto a otras ciudades alemanas. El trabajo en Hamburgo fue financiado por la agencia alemana Fonds Soziokultur y la organización Frauen Finanzgruppe-Susanne Kazemieh. de Investigación, Ciencia y Cultura de la ciudad de Berlín,

El colectivo migrantas está integrado por Marula Di Como (artista), Irma Leinauer (planificadora urbana), Alejandra López (periodista), Florencia Young (diseñadora gráfica) y Estela Schindel, doctora en sociología.

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