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Valencia destino turístico

Las cosas claras

Como destino turístico Valencia es nueva. Y moderna. Además, se trata de un destino al alza. Esa evolución exitosa ha tenido lugar porque la población de la capital así lo ha querido. La mayoría de la gente lo tiene claro. Valencia mola.

Voy a evaluar el modelo elegido por la ciudadanía. Indagaré en su lógica y veré si desvelo algunos rasgos básicos, establecidos con libertad por sus habitantes. No se puede decir lo mismo de otros importantes destinos turísticos también valencianos, cuyo origen y consolidación se produjeron sin consulta popular en la época oscura del franquismo. Ahora probablemente mola más Valencia.

Las preferencias ciudadanas sobre el modelo turístico de Valencia parecen muy estables y claras. Con sus votos y abstención, la población local promueve un modelo turístico que podemos calificar de internacionalismo grandilocuente. Atendiendo al análisis de las declaraciones públicas y documentos generados por el gobierno local, el objetivo del modelo es situar Valencia al nivel de las grandes urbes mundiales, con propuestas llamativas y grandes comparables a las de cualquier otra metrópolis. Como es sabido, los proyectos para conseguirlo proceden del saber hacer de sucesivos equipos de gobierno del Partido Popular, formación política auto-proclamada de centro o centro-derecha, organizados en torno al liderazgo carismático de la economista y periodista Rita Barberá.

Lógica cara y rara de éxito turístico

El modelo consiste en el diseño, producción y con frecuencia gestión de grandes e impactantes instalaciones donde celebrar mega-eventos y ofrecer ocio cultural apto para el gran público con dinero -y, en su caso, con empleo- público. El concepto de ocio cultural para grandes públicos se asocia a alguna actividad no muy exigente (analíticamente), relacionada con la ciencia, el arte y el deporte y cuya práctica produce entretenimiento y (quizás) cierto aprendizaje al visitante. Por mega-eventos se entiende congresos y ferias en el ámbito profesional y acontecimientos culturales, sociales (fiestas) y deportivos en el ámbito del ocio.

Los hitos del internacionalismo grandilocuente son la Ciudad de las Artes y las Ciencias (CAC) (firmada por Santiago Calatrava y Félix Candela), el Palacio de Congresos (Norman Foster), la ampliadísima Feria Muestrario Internacional (FMI) (José Mª Tomás), la 32ª America’s Cup (David Chipperfield, entre otros), el Encuentro Mundial de las Familias Católica (papa Benedicto XVI), el flamante BioPark y el inminente Circuito Urbano de Fórmula 1 (Ecclestone). En todas esas intervenciones el gasto público es necesario y muy alto y en todas el Ayuntamiento de Valencia y, por tanto, su ciudadanía tiene un protagonismo único, principal o secundario soltando euros y/o exclamaciones de entusiasmo.

Los pocos académicos que nos ocupamos de estudiar estos asuntos no tenemos dudas sobre la relación causa-efecto entre estas acciones y la actual conexión de la ciudad al mundo y su ascenso como destino turístico. Valencia se encuentra en fase de ascenso para jugar en la liga de las ciudades globales. De hecho, está en segundo lugar entre las urbes europeas que más han crecido como destino turístico del último período. Imposible negar la evidencia.

Los equipos creados en torno a la alcaldesa Rita Barberá y el teniente de alcalde Alfons Grau han desplegado una fenomenal capacidad para la persuasión (esto es, para la publicidad y propaganda) entre muy diferentes públicos objetivo: los ciudadanos de Valencia, la clase política regional y nacional (de todo el espectro político), el mundo de los negocios españoles y globales al más alto nivel y muy diversos segmentos del mercado turístico nacional e internacional. Además, y de momento, las grandes marcas y los vip (personas muy importantes) del mundo se han conectado a Valencia (por ejemplo, Ernesto Bertarelli, Oracle, Michelin, Gwyneth Paltrow, Louis Vuitton, UBS, Prada, Carolina Herrera, BMW, Hilton o Starwoods) y la organización de los mega-eventos y las primeras temporadas de las flamantes instalaciones públicas se saldan con resultados entre aceptables y buenos.

Valencia ciudad existe y atrae, cierto. Pero, ¿es el modelo turístico grandullón la única causa, la causa principal? Los entusiastas del mismo suelen pasar por alto que, en la última década, el (imprevisible pero contundente) éxito internacional del Valencia CF y el extraordinario acierto del Circuito Ricardo Tormo de Cheste (funcionalmente asimilado a la capital) han jugado un papel clave. De hecho, el valencianismo y la idea de ciudad se han terminado encontrando en el proyecto de nuevo estadio del equipo de fútbol, apoyado por el propio Ayuntamiento. Responder al grado de influencia de estos dos factores mediático-deportivos en el éxito turístico y posicionamiento de Valencia requeriría más investigación. No nos la pagan. Así que podría adelantar algunas consideraciones pero serían algo aventuradas. Me espero.

Otras cosas son más evidentes. El modelo internacionalista y altisonante tiene su público objetivo en las clases medias y altas occidentales y en la población local. Ese rollito se habla alto y se pone en escena muy aparatosamente. Es un modo inefable de llamar la atención y activar la economía local. Tiene miles de años. Ya lo usaban los faraones. Quiero recordarlo. A Santiago Calatrava o a sir Norman Foster no hay que recordárselo.

Cuando las anuales crecidas del Nilo no depositaban bastante limo en las riberas y amenazaban el hambre y las revueltas, el líder carismático ponía al personal a levantar pirámides y templos, cuanto más grandes mejor. Así le recordaba al pueblo la obediencia ciega debida al rey-dios y, sobre todo, daba dinero a ganar a la mayoría de la población –ingenieros, capataces, peones y aguadores- con el pedazo de obra pública. Los fans de “Los Diez Mandamientos” (de Mille) y “Tierra de Faraones” (Hawks) nos lo sabemos muy bien.

Lógicamente, el gasto público comprometido y la deuda pública a que ha dado lugar el súper-mega-aparato turístico de Valencia no se han dedicado a otras cosas, tan o más propias del Estado democrático. En un contexto político-económico en el que apenas existen partidos capaces de defender subidas de impuestos, el dinero público escasea y es cada vez más valioso. El dispendio impresionante del Ayuntamiento condiciona toda la política pública de los equipos de gobierno que salen y van a salir de las urnas y cuya doctrina en el caso del PP pasa por ser sobre todo liberal-conservadora.

Los españoles apenas sabemos del tema (democracia adolescente) pero basta un ligero conocimiento de la historia política y de las ideas occidentales para saber que el liberalismo y el conservadurismo son bastantes o muy reacios a toda clase de intervencionismo estatal. Resulta raro que un partido con preferencia por la libertad individual, la competencia, el mercado y la empresa influya tanto en la cuenta de resultados de tantas empresas con multimillonarios contratas para obras y servicios a troche y moche. Porque todo buen alumno de Economía sabe que la CAC, el Palacio Foster de Congresos, la súper FMI, la America’s Cup, el Encuentro de Familias, el BioPark y el circuito de Fórmula 1 son actividades que puede solucionar el mercado. Nada impide que existan una demanda de mercado y una oferta completamente privada de las mismas.

¿Por qué Warner o Disney o Universal o Parques Reunidos o Guggenheim no tomaron parecidas iniciativas por su cuenta en nuestra ciudad?

¿Por qué los impuestos de los valencianos de hoy y del futuro se dedican a financiar una actividad que los mercados no han visto interesante y, en cambio, escasean los recursos para adecentar todos los barrios de Valencia, mejorando la calidad de las calles, por ejemplo?

Esa sí es una actividad pública por antonomasia. Sólo la pueden realizar los ayuntamientos. Los economistas lo demostramos desde hace medio siglo. Las paradojas locales son tan agudas en ese sentido que la ciudad tiene uno de los mayores despliegues de iluminación pública conocidos, seguramente para que la gente no pise las cacas y orines que se reparten hasta el infinito o quizás para que no tropiece con los socavones o se entere a tiempo de que atraviesa un solar plagado de maleza. A los ciudadanos les mola que su ciudad salga en la tele y a gente de todo el mundo se le caiga la baba con el espinazo de los peces del paisano Calatrava.

¿Continuará…?

El modelo turístico de Valencia puede haber sido eficaz para llamar la atención, la primera etapa en un posicionamiento estratégico. El mundo ha de saber que existes. Ilumínate con farolas hasta el infinito y haz algo tan gordo que pueda ser visto desde el avión cuando llegas por la noche o por el día. Emocionante.

La verdad es muy precisa. Crece a muy buen ritmo el número de visitantes y el grado de satisfacción conocido es alto. Como si tal cosa, nos visita una ganadora del Oscar de Hollywood. Estamos atravesando el momento del ciclo en el que la demanda exterior comprueba finalmente qué es Valencia, la experimenta. ¿Se encuentran la inmensa mayoría de productores y la población a la altura de las expectativas de los turistas?

En el sector nacional, regional y local del turismo existe la vox populi de que la oferta de contenedores -hoteles, viviendas, restaurantes, parques o auditorios- para alojar y acoger plazas –habitaciones, asientos, butacas, sillas, hamacas- supuestamente con calidad media y alta ha crecido mucho más que la oferta de profesionales capaces de ofrecer servicio y experiencia de calidad.

En turismo, las personas son la clave. El turista y el profesional que lo atiende. Es lo que de verdad importa. Pero el prestigio social de las profesiones del ocio y el turismo en España y la CV es mínimo. Las familias no las contemplan al mismo nivel que muchas otras. Tampoco en Valencia.

En cualquier caso, educar y formar a cada vez más profesionales que presten sus servicios en todas estas mega-instalaciones públicas y en las empresas del sector en Valencia es un proceso lento. Eso no parece haber importado. Sin embargo, cuidado, defraudar las expectativas de los visitantes cuya atención se ha logrado atraer es la peor estrategia posible. Todos los manuales universitarios del mundo lo escriben en negrita para que no se olvide jamás. El boca a boca te da el éxito y también te hunde irremisiblemente.

Sucede que los empresarios conscientes y capaces no siempre pueden alzar la voz con la libertad de los académicos. Por cierto, el último gobierno elegido para la Comunidad Valenciana con votos y abstención de la ciudadanía hace meses que no transfiere a las universidades públicas valencianas los fondos necesarios para pagar la nómina de los profesores. El dinero disponible para recibir a Su Santidad o para limpiar la inundación del Palau de les Arts no lo está para pagar a los profesores universitarios. Igual dentro de nada tengo también que medir mis palabras, ja, ja, ja.

Regreso a la cordura. En Valencia construimos a lo grande y muy bien. Miren el equilibrio de nuestras fallas de sección especial. Construir con calidad no es nada fácil y ejerce un tirón sobre el conjunto de la economía y el empleo extenso y profundo, alcanzando a muchos sectores, territorios y niveles de renta. El buen faraón lo sabía. Miles de años después, un país próximo a Egipto se ha convertido en la 8ª potencia y líder mundial justamente en la tarea nobilísima de construir y gestionar de todo: viviendas, carreteras, aeropuertos, puertos, presas, museos, centros comerciales y culturales, o sea, las pirámides y templos contemporáneos.

Esta es una gran ventaja a corto plazo del modelo grandilocuente elegido por los ciudadanos de Valencia. Se hace bien y deja mucho más dinero a corto plazo. Ocasiona una impresión intensa de euforia social y económica, mucho más clara en la propia población residente y votante que en los turistas que han de seguir viniendo. Todo es enorme, chulo y produce euros y exclamaciones para muchos. Pero la pregunta ahora es: ¿hasta cuándo seguirá? ¿Será Valencia sólo un buen decorado pero no una experiencia a la altura? ¿Un mero bluff? ¿Una falla, una estructura hermosa y/o divertida de vida efímera? Veremos. Los profesionales que conviertan los decorados en experiencias no se producen tan rápido como se levantan paredes.

Naturalmente, el modelo contiene la renuncia a señas de identidad que hacen a Valencia única, valiosa y potencialmente reconocible en todo el mundo. No me adentro en el tema porque es largo. Pero ¿qué hay de la paella, la Albufera y Blasco Ibáñez? Lo que se pueda hacer con estos atractivos sólo valencianos ni es tan epatante ni produce tantos empleos y euros concentrados en pocas acciones.

Acabo. El modelo de la flamante y campeona Valencia turística gusta bastante a quien opina al respecto con sus votos y sus euros. El análisis científico descubre que no es para nada una opción con una continuidad asegurada. Pasa mucho de la esencia de Valencia. Y esa esencia existe. El rollito es otro. Internacionalismo.

Los egipcios tenían que tragarse su modelo político. Los pueblos mediterráneos han cambiado mucho. Por ejemplo, en Valencia tenemos una joven democracia y son los ciudadanos quienes eligen su perfil turístico altisonante y facilote con la vista puesta en hacer caja rápido. El futuro y el momento de pagar las deudas y de llenar tanta butaca temporada tras temporada ya llegará.

También la población elige su modelo turístico en otras grandes ciudades españolas como Barcelona, Bilbao, Sevilla o Madrid. Una sugerencia turística: viajen, experimenten, analicen y comparen.