Claves para la interpretación del patrimonio natural (y cultural)
La interpretación del patrimonio es un proceso de comunicación estratégica, que ayuda a conectar intelectual y emocionalmente al visitante con los significados del recurso patrimonial visitado, para que disfrute y lo aprecie
En los muchos años que llevo trabajando en torno a esta disciplina –la interpretación–, he visto cómo se ha popularizado en diversas instituciones, municipales, autonómicas y en la gestión del patrimonio, en general. Sin embargo, todavía se presta a confusiones y no son pocas las ocasiones en las que se denomina “interpretación” o “interpretativo” a cosas que no lo son. Con esto quiero señalar que la interpretación del patrimonio (natural y cultural) está muy hablada, pero poco aplicada.
La interpretación del patrimonio, en un resumen muy atrevido:
- Es una estrategia de comunicación, exactamente la misma para el patrimonio cultural que para el natural (por supuesto, cambian los contenidos).
- Va dirigida al público visitante “no cautivo” (aunque también es muy efectiva para públicos “cautivos”).
- Tiene una metodología muy concreta (ABCD: atractiva, breve, clara y directa).
- Su objetivo es generar una actitud de custodia hacia el patrimonio.
¿Dónde hay buenos “casos” de interpretación? Esta pregunta me la suelen plantear a menudo… y yo suelo responder: “En La Vila Joiosa, Alicante”. Efectivamente, en esta villa es posible encontrar, hace años, unos buenos ejemplos de productos interpretativos: la Fábrica de Chocolates Valor cuenta con un centro de visitantes bastante digno y un recorrido guiado por las instalaciones que es excelente; en el paseo marítimo hay (no sé si está todavía) una cartelería muy interesante; el Museo Municipal, que aplica la metodología de la interpretación en sus exposiciones, gestiona además las rutas guiadas en el Conjunto Histórico del Casco Antiguo, y la Casa Museo La Barbera dels Aragonés. En todos los casos se aplican técnicas de interpretación. Y no es de extrañar, pues en La Vila debe haber como siete u ocho personas afiliadas a la Asociación para la Interpretación del Patrimonio. Incluso, el director del museo (arqueólogo y museólogo) fue presidente de esta asociación hace pocos años.
¿Y qué sucede en el patrimonio natural? Casi lo mismo, hay escasez de productos o programas verdaderamente interpretativos. En Galicia, en el municipio de Oleiros, es tal vez donde más se apliquen técnicas de interpretación, impulsadas por el CEIDA, que es el centro de referencia para la educación ambiental en esa comunidad autónoma.
No es fácil “tomar una foto” a un cartel o a una exposición interpretativa. Porque paneles con textos y fotos… no siempre son interpretativos. Son “explicativos”, para quien quiera o esté dispuesto a recibir esas explicaciones. Pero tampoco es imposible encontrar algunos buenos casos.
Por ejemplo, en el Parque Natural de Cazorla, Segura y las Villas, lo más “interpretativo” es un modesto itinerario junto al río Cerezuelo (en la foto), en la misma localidad de Cazorla, realizado por un grupo de voluntarios con la coordinación de la Fundación Gypaetus. El estilo poético se puede considerar una “técnica interpretativa”, al igual que la personificación (el río habla), la alusión al visitante (a la segunda persona del singular) y la evocación de conceptos intangibles vinculados al fenómeno tangible (el río).
Donde también se encuentran interesantes casos de interpretación, como metodología, es en el anónimo trabajo de muchos guías (intérpretes), una minoría, claro, distintos a los guías “grabadora”. Trabajando en parques nacionales y naturales, o en el patrimonio histórico, hacen que la experiencia de los visitantes sea diferente e inolvidable, pues logran conectarlos intelectual y emocionalmente a los valores del recurso patrimonial, los invitan a “pensar” y, muy probablemente, forjen convicciones y actitudes favorables a la conservación de ese patrimonio.
Como ya señalé al comienzo, la interpretación del patrimonio aplica el mismo enfoque metodológico para el patrimonio natural que para el cultural. Y se basa en un riguroso Conocimiento del Recurso, un Conocimiento de la Audiencia y la aplicación de las Técnicas Apropiadas a un recurso y a una audiencia determinadas.
La interpretación va dirigida (en principio) al visitante “no-cautivo”. Esto requiere reconocer las peculiaridades de la realidad. El profesor Sam Ham aclara que se trata de una situación muy específica: el visitante se encuentra disfrutando de su tiempo libre, y “no es cautivo”, no se siente obligado. Por ello, cualquier estrategia de comunicación que se quiera desarrollar para esta circunstancia debe tener presente el contexto recreativo en el que se encuentra el público, contexto que debe respetarse e incluso potenciarse.
El concepto de “cautividad” y “no-cautividad”, tal como lo define Ham, se refiere al hecho de estar o no estar obligado a prestar atención. Por lo tanto, el público no-cautivo es aquel que no tiene (o no siente) ninguna obligación para poner atención a eventuales mensajes, sea en museos, folletos, carteles varios e incluso los emitidos por un guía. Normalmente el público se encuentra en su tiempo libre o de vacaciones, y su nivel de atención suele ser bajo.
Como aclara Ham, esta “no-cautividad” no es física, sino psicológica. En las circunstancias de estudio formal, en la enseñanza, el nivel de atención se ve forzado por una motivación externa (los exámenes y otras exigencias) en la mayoría de los casos –aunque hay excepciones–; y en el tiempo libre, este nivel de atención es bastante bajo, puesto que no hay ninguna obligación para poner atención, salvo por una motivación interna (el interés personal).
Pasar por alto esta realidad puede significar el fracaso o la nula efectividad de las ofertas “interpretativas”. Por lo tanto, un flaco favor al beneficio social, cultural y hasta el educativo. La misión de la interpretación no es “deslumbrar” a los visitantes con efectos especiales, tecnología o palabrería, sino producir significados en sus mentes, conectando los valores inherentes del recurso con las experiencias e intereses de los visitantes.
La metodología de la interpretación ya está bien aclarada y no me voy a extender mucho aquí. Sólo quiero señalar que junto a la metodología desarrollada durante varias décadas, a partir de los Seis Principios de Freeman Tilden, hay también un Proceso para producir programas y productos interpretativos, proceso muy sencillo que incluye los planteamientos metodológicos de Ham y otros autores.
La base metodológica de la interpretación indica que ésta tiene que ser:
- Amena, atractiva, agradable, que capte la atención del visitante.
- Significativa, fácil de comprender por el receptor. Los significados tienen que surgir en el público de forma que se produzca el entendimiento.
- Relevante al ego del público; el mensaje tiene que ser interesante de manera personal, contar con las experiencias y la personalidad de la gente. Esto se consigue con un lenguaje directo, con ejemplos pertinentes, y con el empleo de conceptos de valor universal (por ejemplo: vida, muerte, libertad, dolor, justicia, familia, paz, opresión, esfuerzo, defensa, derrota…)
- Organizada; debe contar con un guión lógico y simple para que el visitante pueda “seguir el hilo”. Y es mejor si las partes del guión o ideas complementarias son menos de cinco, pues esto facilita organizar mejor las ideas mentalmente.
- Temática, es decir, con una idea central expresada varias veces (durante el programa) como una “oración” (con sujeto, verbo y predicado). Esta idea u oración-tema no es un eslogan, sino una afirmación, una noticia, el destilado del valor principal del patrimonio que se está visitando. Por ejemplo, en el caso del cartelito en el itinerario por el río de Cazorla, la idea que se extrae es que “el río puede contar muchas historias, no es sólo agua que escurre”.
Y el proceso de la interpretación también es sencillo:
1. Seleccionar un lugar, objeto, personaje o acontecimiento tangible sobre el cual se quiera destacar su significado e importancia ante los visitantes. Hay que estudiarlo con rigor.
2. Identificar los significados intangibles que surgen de ese patrimonio tangible. Se obtienen preguntándose “qué representa este lugar (objeto) tangible”.
3. Identificar los conceptos intangibles de valor universal. Son éstos los que “conectarán” más con la audiencia.
4. Identificar a la audiencia. Hay que conocer las características de los visitantes reales o potenciales, pues a ellos, principalmente, se enfocarán las técnicas interpretativas.
5. Escribir un enunciado en forma de oración-tema que represente lo esencial de ese recurso, qué tiene de especial o por qué es importante. Conviene incluir un concepto universal en ese enunciado.
6. Seleccionar las técnicas interpretativas adecuadas para facilitar la conexión con los significados por parte del público. Técnicas interpretativas son, por ejemplo, el humor, analogías y comparaciones, la personificación, estímulo a utilizar los sentidos, el misterio, la estrategia de preguntas, etc.
7. Utilizar la oración-tema para organizar todo el programa, de forma que sirva de aglutinador de las ideas secundarias de forma cohesiva.
Con estas bases y, en el mejor de los casos, apoyados por técnicos en interpretación, no es difícil revelar los valores del patrimonio a los visitantes y habitantes locales. La interpretación es la “guinda del pastel” de la puesta en valor, pues brinda el sentido de lugar, refuerza el sentido de pertenencia y promueve una actitud favorable a la conservación del patrimonio.
Bibliografía recomendada
(NOTA: El Boletín de Interpretación se encuentra on line en www.interpretaciondelpatrimonio.com)
Ham, Sam H. 1992. Interpretación Ambiental, Una Guía Práctica para gente con grandes ideas y pequeños presupuestos. North American Press, Colorado.
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Ham, S.H. 2006. La psicología cognitiva y la interpretación: síntesis y aplicación: Boletín de Interpretación número 15:14-21. Asociación para la Interpretación del Patrimonio, España.
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