Fiestas populares y gestión cultural
Desde los comienzos de la profesión, la gestión cultural en los municipios se ha visto vinculada con la organización de las fiestas locales y patronales. Esta relación se ha materializado en la práctica de forma muy clara en la confluencia de la responsabilidad en la organización y gestión de las fiestas y las actividades culturales en el técnico encargado de la gestión cultural y en un mismo cargo político. Desde el punto de vista técnico, el hecho de encargar en ocasiones parte de la organización de las fiestas locales al gestor o gestora cultural ha supuesto una importante evolución en la configuración de las mismas, cuando no una revitalización o su dinamización con vistas a la potenciación turística del territorio. En este texto trataremos de aportar reflexiones acerca de algunos aspectos importantes de analizar a la hora de plantearse una gestión profesional de las fiestas locales, sin perder de vista el hecho de que cada una de las realidades festivas locales requiere de modos diferentes de abordar su problemática y gestión, y que cualquier intervención sobre las mismas precisa de un análisis previo específico y detallado.
LA FIESTA COMO ÁMBITO DE LA GESTIÓN CULTURAL MUNICIPAL
Si preguntáramos a los ciudadanos quién ha de encargarse de la organización, promoción y financiación de las fiestas locales, la respuesta mayoritaria se dirigiría muy probablemente a la responsabilidad de la corporación municipal. Si bien es cierto que, como veremos más adelante, cualquier fiesta requiere de un sujeto celebrante (no una administración pública) y de un importante y necesario grado de participación ciudadana, es un hecho que algunos aspectos de su organización, por cuestiones ideológicas o de viabilidad práctica, han sido delegados al ayuntamiento de la localidad. Como ya hemos indicado, el área municipal que se ha adscrito tradicionalmente la gestión de las fiestas es el área de cultura. Pero, lejos de constituir una relación causal (que en ocasiones puede serlo), la vinculación de estos dos ámbitos se hace patente si asumimos la definición que la Declaración de México sobre las políticas culturales dio sobre la cultura en 1982; en este caso, el concepto humanista de cultura se veía ampliado con la asunción del concepto antropológico según el cual, además de las artes y las letras, la cultura también estaba constituida por aquellos rasgos distintivos que caracterizan a una sociedad; en este sentido, tanto las tradiciones como las fiestas constituyen uno de los principales elementos constitutivos de la identidad cultural local. Desde el punto de vista de la práctica diaria, se ha de tener en cuenta que, en ocasiones y en algunos municipios pequeños, las fiestas locales constituyen el acontecimiento cultural más importante de la localidad, tanto desde el punto de vista cualitativo como cuantitativo. Esto hace que las fiestas, independientemente de su origen laico o religioso, se convierta en un excelente caldo de cultivo para la dinamización cultural local, y en no pocos casos los programas de fiestas se han visto aumentados y reforzados con actividades específicamente culturales.
Moros y Cristianos de Villajoyosa: Una fiesta del pueblo y para el puebloLa Asociación Santa Marta de Villajoyosa, Alicante, gestiona la actividad de las fiestas de Moros y Cristianos de la localidad. Su modo de organización es complicado, sobretodo, debido al gran número de festeros con que cuenta el organismo, que a fecha de hoy suma más de 4000 personas.La asociación, fundada en 1963, se creó con la intención de que fueran los propios ciudadanos de Villajoyosa los que se encargaran de la organización de sus fiestas. Por tanto, a día de hoy, el ayuntamiento de la localidad no interviene en la programación de actividades, aunque sí se implica como uno de los principales financiadores y suministradores de infraestructuras para los distintos acontecimientos en honor a Santa Marta. Se distinguen cinco ramas que distribuyen los quehaceres de la programación, así como la gestión de las diferentes iniciativas culturales que se planean en torno a las fiestas: una junta directiva, una junta de gobierno, asambleas, comisiones de trabajo y compañías, a las que pertenecen los festeros. Además, paralelamente a las fiestas de Moros y Cristianos, que tienen lugar en julio, también se ocupan de la Semana de Lágrimas, que está directamente vinculada a la patrona de la localidad. La participación y el trabajo en la asociación son constantes durante todo el año, pues se considera necesaria una continuidad en la motivación y preparación de todas las ideas y propuestas que se pretenden para cada año. Las reuniones son solamente interrumpidas durante el mes estival de agosto, tras la finalización de las fiestas. Un mes de descanso que culmina con un septiembre cargado de nuevas iniciativas para el próximo período. Según nos cuenta Marta Llinares, vocal y cronista de la entidad, resulta complicada una participación activa y continuada de todos los festeros asociados, seguramente por la inmensurable cantidad de participantes. Los festeros, no encuentran quizás su modo de colaborar directamente, aspecto que se ve menguado a través de las iniciativas que Marta y sus compañeros llevan a cabo. Redes sociales, foros, o quedadas colectivas, que incentivan a la gente a dejar de ser un componente pasivo de sus fiestas a lo largo de todo el año. De este modo, el objeto inicial de la asociación, la implicación popular, y no la oficialidad, se convierte en el verdadero motor de la celebración. Asimismo, para una mayor calidad en la gestión de contenidos que tienen que ver con la programación festiva, la asociación cuenta con asesores de todo tipo. Colaboradores que intervienen en la medida en que los ciudadanos plantean dudas acerca de su actividad y participación. En definitiva, la Asociación Santa Marta vincula los distintos campos del panorama local para que, en conjunto, sea capaz de crear unas fiestas exigentes y rigurosas. Y de este modo que llamen a la participación de los ciudadanos, tanto festeros como visitantes. |
VER ENTREVISTA A MARTA LLINARES, VOCAL Y CRONISTA DE LA ASOCIACIÓN SANTA MARTA
LA ORGANIZACIÓN DE LA FIESTA
Si hubiéramos de dar una definición del término “fiesta”, sin entrar en complejidades, podríamos calificarla como una práctica colectiva, que genera cierto tipo de trascendencia, gozo y alegría, consistente en un conjunto de actos, mediante los cuales se celebra algo, que se desarrollan en un espacio y tiempo específico. En este sentido, y en tanto que práctica colectiva, la fiesta requiere de un sujeto celebrante, que no es otro que el conjunto de personas que se identifican con los actos festivos como expresión de su sentido de pertenencia a la comunidad local.
Esta comunidad celebrante puede estar vertebrada asociativamente o no y, a su vez, formar parte de una estructura organizada (ya sea formal o informalmente). El sujeto o comunidad celebrante puede identificarse bien espacialmente, bien categorialmente; en el primer caso estaríamos hablando de la familia, un barrio o calle, una comunidad local, o una nación, por citar algún caso; en el caso de sujetos identificados por categorías podríamos encontrarnos con una cofradía o asociación, o con comunidades de afiliación (religiosa, por ejemplo), entre otros. Actualmente, y siempre en líneas generales, podemos diferenciar entre:
- Asociaciones festivas: son aquellas organizaciones formadas voluntariamente por los ciudadanos con cierta continuidad y organización formal, cuyo principal objetivo es organizar y gestionar la fiesta y que no dejan de tener cierto grado de proyección simbólica a la sociedad. En este caso estarían encuadradas las cofradías, comparsas, o peñas taurinas, entre otros.
- Comisiones festeras: entendidas como uniones más o menos temporales con el único objetivo de organizar las fiestas en un momento concreto; no han de tener necesariamente una organización formal y suelen ser bastante sencillas en su composición, recurriendo generalmente a grupos muy compactos. En este tipo se incluyen las clavarías o las comisiones de quintos y festeros.
- Grupos ceremoniales: este último colectivo, en realidad, basa su participación en la organización de las fiestas a partir de su implicación directa y activa en la celebración de bailes, danzas y ceremonias; están compuestos por todas las personas que interpretan los bailes o rituales que puedan formar parte de los actos constitutivos de la fiesta local, y suelen tener mecanismos de adscripción por herencia.
En la organización de la fiesta cobra un especial protagonismo el tiempo. No en vano, todas las culturas locales han ido desarrollando su propio calendario festivo, que originariamente coincidía con el calendario agrario, y han ido variándolo según el tiempo vivido y según los distintos cambios operados por la comunidad local. Con respecto a la organización del tiempo festivo, podemos hablar de tres tipologías bien diferenciadas:
- Calendario festivo tradicional, marcado principalmente por la religión católica y sus tiempos litúrgicos, pero también por los acontecimientos sociales de la monarquía, y aquellos remanentes de las fiestas paganas.
- Calendario festivo moderno, en la que aparece la celebración de fiestas civiles como conmemoración de hitos históricos que colaboren a la formación de una identidad común.
- Calendario festivo contemporáneo, con la inclusión de las fiestas nacidas de la modernidad global y que se constatan en la celebración de conciertos y festivales principalmente.
En líneas generales, cuando nos ocupemos de las fiestas locales estaremos moviéndonos en el grupo perteneciente al calendario festivo tradicional, con un importante componente religioso en su configuración inicial, pero reconfirmado y adaptado a las condiciones de la contemporaneidad. Pero si hemos de tener en cuenta el tiempo del calendario festivo, también hemos de considerar otras coordenadas temporales que intervienen en la organización y gestión de los programas festivos; nos referimos, por una parte, a la periodicidad con la que se da la fiesta local, ya que puede tratarse de una fiesta regular, irregular o cíclica, pero también de una fiesta que se produce en una fecha fija o, por el contrario, una fiesta móvil que varía en sus fechas de celebración; por otra parte, otra de las coordenadas temporales a tener en cuenta es el tiempo interno a la fiesta, que hace referencia al programa de actos y su estructura y organización temporal y que condicionará en gran medida el curso de la realidad festiva.
ALGUNAS CARACTERÍSTICAS DE LA FIESTA
Pese a que en el imaginario colectivo tenemos ciertamente asumidos qué momentos son festivos y cuáles no, es cierto que existen algunas características comunes a toda fiesta que permiten diferenciarla de otras manifestaciones culturales similares.
En este sentido, una de las principales características de la fiesta es la participación de los ciudadanos y el espacio de comunicación que se crea entre ellos, pero esa participación ha de ser libre y voluntaria, lo que hace que se relacione con cierta sensación de libertad, tanto individual como colectiva. Y es que la fiesta se concibe como un acontecimiento social, imposible de realizar de manera individual, en la que no se diferencia entre grupos de edad (más allá de la diferenciación entre niños y adultos para algunas actividades) y en la que todos los participantes comparten el carácter gratificante y el disfrute de la fiesta.
Otra de las características más destacables del hecho festivo es la existencia de una transgresión controlada en la que se invierte el orden establecido y se rompe con el control social cotidiano, de forma que se genera un estado en el que todo está permitido y que se encuentra limitado temporalmente a los pocos días en los que tiene lugar la fiesta.
Por último, y aunque no pretendemos ser exhaustivos, no podemos obviar que, pese a que la mayoría de fiestas locales tienen un importante componente tradicional en su origen y configuración posterior, pueden introducir (sin miedo a crear grandes conflictos) elementos de nueva lectura que permitan un mayor diálogo de progreso entre la tradición y la modernidad.
VER ENTREVSITA A MANUEL NAVARRO, GESTOR DEL FESTIVAL CANTE DE LAS MINAS
PROCESOS DE REVITALIZACIÓN DE LA FIESTA LOCAL
Decíamos al comienzo de este texto que la gestión cultural tiene mucho que hacer en la organización y gestión de las fiestas locales. Desde el diseño hasta la dinamización de los actos y actividades que la configuran, pasando por la coordinación de los diferentes agentes y sujetos participantes, hay múltiples ejemplos y prácticas llevadas a cabo con éxito por profesionales de la gestión cultural. Pero, más allá de la conformación del programa de actividades o la organización de todo el ciclo festivo, optamos en este caso por reclamar para el gestor cultural uno de los papeles principales en la implementación y desarrollo de procesos de revitalización festiva en su territorio de acción.
En muchos de nuestros municipios, las fiestas locales tienen ampliamente desarrollado su carácter tradicional, con unos programas de actividades estancos que no permiten el aumento de la participación ciudadana o que no favorecen la atracción de nuevos participantes. Pese a la importancia de este componente “tradicional”, que en ningún momento negamos o rechazamos, consideramos vital que ese diálogo entre tradición y modernidad se produzca con una amplia normalidad, y en esa labor, el profesional de la gestión cultural puede ocupar el papel de impulsor y mediador. A continuación, enunciamos algunos modelos de revitalización que hemos podido constatar en algunas fiestas locales:
- Recuperación de actividades abandonadas. En ocasiones, una forma que se ha utilizado para dinamizar una fiesta estancada ha sido la recuperación de actos o actividades constatadas históricamente pero que, en algún momento y por cualquier circunstancia, desaparecieron del programa oficial. Generalmente se trata de actividades que sufrieron un progresivo deterioro en los momentos de paso a la modernidad o de éxodo de la vida rural a la urbana, pero que aparecen documentadas históricamente, siendo posible su recuperación de una forma más o menos respetuosa con la realidad originaria.
- Recuperación de la fiesta. De forma similar a la recuperación de actividades, es posible que lo que hubiera desaparecido con el paso del tiempo fuera una manifestación festiva, de forma parcial o total, que en un momento dado pueda recuperarse para incrementar el calendario festivo del municipio. Este caso se da, sobre todo, en procesiones y peregrinaciones a advocaciones religiosas que fueron perdiendo su importancia en el santoral local.
- Inclusión de nuevos actores. Sobre todo en aquellas localidades en la que existen diversas festividades, con diferente nivel de participación ciudadana, es posible que se produzca un proceso por el cual los actores de la fiesta mayoritaria se implican en las fiestas menores; de esta forma, se multiplica la participación de los ciudadanos en esas fiestas y se produce una mayor implicación que, de forma directa, revertirá en la revitalización de una fiesta con riesgo a desaparecer.
- Creación de nuevas actividades ajenas al origen de la fiesta. Cuando la recuperación de actividades desaparecidas no es posible, pueden crearse nuevas actividades que, aunque no tengan nada que ver con la razón de ser de la fiesta, complementen el programa oficial tradicional y le den una nueva imagen a la festividad. En estos casos, las actividades creadas ex profeso pueden tomar la forma de ferias o festivales.
- Reconversión de la idea de fiesta. Algunas fiestas tradicionales, que han sufrido cierto deterioro con el paso del tiempo, han ido modificando su razón de ser hacia fiestas modernas, especialmente con la reconversión de las sociedades agrarias. Aquellas basadas en ferias de compra-venta de ganado que han transformado su programa de actos hacia ciclos de conciertos y actividades lúdicas puede ser un ejemplo de este proceso.
- Invención total. Una posibilidad de intervención en la fiesta local es la creación de nuevas manifestaciones festivas cuando el municipio no tiene un denso calendario festivo o cuando las características de las fiestas ya existentes no permiten la aplicación de cualquier otro proceso de revitalización festiva.
- Patrimonialización. El último de los procesos de revitalización que hemos considerado es aquél basado en patrimonializar el fenómeno festivo, cuya materialización más clara y sencilla es la creación de un museo o centro de interpretación que permita dar a conocer la fiesta y sus características a lo largo de todo el año y sin necesidad de realizar una inmersión en la propia fiesta. Sin duda, se trata de una revitalización parcial, ya que no interviene en la propia participación de los ciudadanos en la fiesta ni en la modificación de la programación, pero no hemos de negarle su función para la atracción de nuevos públicos y para la normalización y difusión de la actividad festiva.
Aunque en este texto hemos planteado algunas cuestiones a tener en cuenta a la hora de abordar la práctica del técnico de cultura en la organización y gestión de la fiesta popular, no hemos de perder de vista que el campo festivo se ha gestionado prácticamente siempre desde el voluntariado ciudadano y la participación directa. Eso hace que la incorporación del técnico en gestión cultural y su práctica profesional se haga necesariamente en colaboración directa con la comunidad celebrante, abriendo una perspectiva que se convierte en fundamental: la participación ciudadana. Si la figura del gestor cultural como un técnico al frente de un área municipal ha venido demostrando la importancia de gestionar profesionalmente una actividad tan específica como la cultural, con todas sus potencialidades y sus implicaciones en la creación de bienestar y desarrollo de ciudadanos y territorios, el ámbito festivo no deja de ser un área en la que su perfil profesional tiene mucho que aportar, tanto en los procesos de organización y gestión de las actividades festivas como en aquellos que hemos tratado de revitalización y participación.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
Ariño, Antonio (dir.) (1999-2002): Calendario de fiestas de la Comunidad Valenciana, 4 vols. Bancaixa, Valencia.
López de Aguileta, Iñaki (2000): Cultura y ciudad. Manual de política cultural municipal. Ed. Trea, Gijón.
Mercé Carol, Xavier (1985): “La festa com a expressió lúdica d’una comunitat” en Interacció’84. Ponències i comunicacions vol. 3. Barcelona.
Unesco (1982): Declaración de México sobre las políticas culturales.
(Disponible en http://portal.unesco.org/culture/es/files/12762/11295424031mexico_sp.pdf/mexico_sp.pdf)
[Última visita: 26 de junio de 2010]


