Mar Solís
Mar Solís es una reconocida escultora afincada en Madrid o allá en donde le lleve su trabajo. Con un buen número de menciones a través de premios, becas y participación en exposiciones colectivas, es un claro reflejo de profesionalidad en la cultura y tenacidad en aseverar que tiene mucho que decir con sus piezas a pesar de ser tan joven. Nos invita a un refresco en un pequeño bar; justo desde su terraza contemplamos la entrada principal del Museo del Prado. Le preguntamos si esto es una simple coincidencia o quiere demostrarnos que puede estar muy cerca de los creadores que exponen en ese espacio. Humildemente nos responde que le gusta esta cafetería porque está cerca de su estudio y también de una de las galerías en donde muestra sus obras habitualmente – la Galería Raquel Ponce–.
Junto con Mar tenemos un conversación muy productiva, nos interesa sobre todo su opinión acerca de la proximidad de la escultura en general con el ciudadano de a pie, del pequeño comprador… La mayoría de las grandes piezas las adquieren instituciones, el pequeño comprador sólo consigue aquello que se exhibe, y esto es una representación minoritaria de lo que se produce. Pero si es verdad que no todo lo que se hace tiene la posibilidad de ser vendido, asegura Mar.
La creadora tiene una visión muy particular sobre el aprovechamiento social del arte, nosotros le mostramos la opinión generalizada de que el arte se está convirtiendo en un mercado demasiado volcado en la tendencia. En este sentido Mar es contundente, el artista no crea necesidades, el creador se nutre de experiencias sociales y es en ese momento cuando el mercado se dirige hacia su propia obra, porque hace tangible una necesidad colectiva que ya existe, solamente la refleja.
A los diez minutos de conversación suena el móvil de Mar, ella rápidamente se disculpa y se escusa con el interlocutor que tiene al teléfono y cuelga. Vuelve a reiterar sus mil perdones, apaga el teléfono y seguimos nuestra interesante conversación que nos lleva por otros derroteros. Hablamos de la importancia de la utilización de las tecnologías por parte de los escultores. Las tecnologías modernas son perfectamente compatibles con la escultura, así como otros artistas utilizan la escultura en aplicación para sus creaciones, del mismo modo utiliza un escultor la tecnología para su trabajo, comenta Mar.
El tiempo se nos va, hablamos de todo un poco, también de Madrid como espacio de producción de arte y de las carencias de la ciudad en este tipo de espacios, aunque si tenga un amplio mercado de equipamientos para mostrar.
Después de una hora de amena conversación, nos invita a observar alguna de sus piezas, nos dirigimos a la Galería Raquel Ponce y charlamos un momento con su gerente que está en plenas obras de traslado. Finalmente nos despedimos de Mar y le agradecemos mucho que nos haya atendido con tanta amabilidad, casi como si fuéramos viejos amigos.
Según palabras publicadas por el crítico Juan-Ramón Barbancho en nexo5, Mar ha tenido, desde sus primeras exposiciones, un especial empeño por hacer participar el espacio en sus obras, creando así un lugar en el que el espectador pueda relacionarse con la escultura. Desde revistatecnic.net queremos entender que esta observación se refiere a la sensación que nos ha transmitido Mar Solís a favor de la democratización de la cultura, no solamente con sus palabras, sino también con sus hechos.
