Visiones

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A veces pasa.

Siempre he pensado que lo del cambio horario no supone tan sólo ajustar las manecillas del reloj. Hay algo extraño, como ajeno a nosotros, algo que nos hace conscientes una vez más de lo sencillo que es mantenernos al margen, impotentes como para poder intervenir. Nos es imposible. Es cuestión de física. Es una ley natural. Las estaciones cambian y, con ellas, de algún modo, vivimos – o es sufrimos – la mutación más acertada para vivir ese “viene y va”. Recuerdo ahora cuando de niño leí aquello que decía algo así como que el hombre, el ser humano, es el animal con mayor capacidad para adaptarse a una situación nueva o desconocida… Según lo digo, menos me lo creo. Cierto que poseemos algo que el resto de especies no presentan de manera tan desarrollada. La poderosa y elocuente mente humana. Pero, aún y todo, con esa ventaja fisiológica que nos sitúa en lo alto de la pirámide – ¿quién no tiene ahora mismo en mente aquella ilustración del libro de texto de la escuela primaria o, secundaria…? –, lo cierto es que ni somos tan capaces ante lo nuevo – nuevo siempre es agresión… No cabe duda. Un dardo incendiario que se clava en el tejado de paja de nuestra siempre frágil estructura habitada; cuerpo, mente, vida, pareja, familia, moral, principios, ideario, casa, ciudad, empleo, cultura, instituciones, etc…– y, ni por asomo somos los más capaces a la hora de adaptarnos al medio, sea conocido o uno nuevo que surge. Si bien la presta mente nos dota de la artimaña, de la habilidad de evaluar, sortear y adecuar, no siempre acertamos. De hecho, erramos constantemente. Creemos estar en sintonía o, para los que prefieran, armonía, con nosotros mismos y con el medio. Nos reafirmamos y acomodamos en lo alto de la pirámide de aquella ilustración archivada, cuando en realidad sabemos con absoluta certeza – esa certeza que llega desde las entrañas y no desde la cabeza –, que somos tan imperfectos y frágiles en todo nosotros, que optamos por el camino de la ley del más fuerte. – Nietzsche lo tenía muy claro y, aunque junto con otros muchos parches filosófico-ideológico-moralistas, éste, es uno de los más presentes en nuestro rostro y apariencia. –

¿Qué diría un taurino o un antitaurino…? Hoy, que tan en boga está todo este tema como para llegar incluso a convertirse en una seña de identidad. En algo político, partidista, social, cultural, la noticia, las noticias, los medios, sensacionalista, abstracto, absurdo… Pan y circo. Entretenimientos mientras, los que tanto hablan y tan poco dicen, siguen robando a su antojo. Siguen mintiendo en detrimento de sus intereses personales y no sociales. Esos que en pleno siglo XXI no tienen problema alguno – o, será quizás porque tienen mucho que esconder – en cometer un acto de absoluta censura cultural, ordenando la mutilación de un cuerpo con nombre y apellidos que al parecer habla demasiado. Incómodos y nerviosos señoritos trajeados que a toque de teléfono presionan y ordenan el cese público de once fotografías en la exposición Fragments d’un any; Imatges 2009 (Fragmentos de un año; Imágenes 2009). Una muestra fotográfica organizada por la Unión de Periodistas Valencianos y expuesta en el MuVim (Museo Valenciano de la Ilustración y la Modernidad). Por séptima vez el MuVim mostraba el trabajo realizado por los fotoperiodistas a lo largo del año 2009, un año demasiado importante, demasiado vergonzoso, demasiado molesto para algunos. Precisamente para esos a los que tanto les gusta y les apaña lo del pan y circo – aquellos campeones de los pesos pesados que lucen el magnífico cinturón de oro ensartado con preciosos diamantes. Capitanes Ajab. Los “señores que dictan”. Los ciegos de la parábola de Lucas. Los doctores ciegos que no ven al conejo y sin embargo ven lo que no quieren que otros vean…– Y como resultado, la dimisión de Romà de la Calle, director del MuVim (hoy ya exdirector). Dimisión que cada un@ puede recapacitar y juzgar de manera distinta, pero que no deja de mostrar la dignidad, honestidad, coherencia y sobre todo, humildad en una de las personas más ilustrada, defensora, precursora, motivadora y fomentadora de propuestas, políticas y filosofías alternativas en el panorama cultural valenciano.

– Jake no ha caído. Ya le gustaría a más de uno. Jake está ahora fuera del ring. Jake ha sido engañado. Le han dado una buena paliza. Pero a Jake no le han vencido. Jake tan sólo ha dejado el ring. Ahora está sentado en las gradas, entre el gentío, sin llamar la atención. Jake está mirando atentamente. Escruta. Guarda el gancho. Con rabia, pero con calma. Me juego cien de los grandes a que la embestida, cuando llegue, será de órdago…–

– Aplausos para ti Romà. Me quito el sombrero y te doy las gracias por la lección. –

Elegimos elegir. Elegimos aparentar que nuestras elecciones son producto de la razón razonada. Elegimos creer que todo lo que somos forma parte de una trama tan entrelazada y compleja, que mejor si simplificamos y dejamos los lazos para los prestidigitadores y la complejidad a los complejos – esos “tildados” –. Abdicamos. Y el resultado – o, al menos, uno de ellos – es que, aunque mantenemos posiciones, aunque seguimos en cabeza, somos conscientes de cuan semejantes somos al resto de cada ser vivo. Aceptarlo incluso nos da miedo. Porque suena a pérdida de poder. Porque desvela que también nosotros, seres humanos, como muchas otras especies a las cuales menospreciamos, nos movemos en manadas dirigidos por un líder. Somos lo que somos. Intentamos saber qué somos y, sin embargo, no pensamos qué somos. Nos atrevemos a indagar en la cuestión. Nos atrevemos a saber. SAPERE AUDE – se lo tomo prestado señor Kant…–. << Atrévete a saber >>. Y sin embargo, parece darnos miedo eso del pensar. Nos da miedo atrevernos a pensar. Mejor si lo hacen unos pocos. Los “tildados”. Y mientras tanto, seguiremos cómodamente siguiendo los pasos marcados. Ajustar las manecillas del reloj. Cambio horario. Primavera. Astenia. Dolor de cabeza. Bayas tibetanas goji, que dicen son buenas para todo – ¿para todo? Sí, sí… Para todo –. La panacea. Buenas para la memoria. – Me pregunto si no sería más eficaz, económico seguro, leer a Proust. En busca del tiempo perdido. O, hablando de memoria y, de humanidad, echar un vistazo a lo que está ocurriendo en el barrio del Cabanyal; donde Memoria Histórica-Patrimonio Cultural y Bien de Interés Cultural, han pasado a ser “Bien de Interés Vial”. Y a quien se queje, ningún problema en hacérselo entender a base de mamporros. Una vergüenza, qué duda cabe. –

Cambios. Eso es. Coinciden siempre todos y, al final, uno ya no sabe donde tiene la cabeza. Pero toca escribir unas líneas. Papel en blanco, mente en blanco. ESCRITURE AUDE. Y decides hacerlo como a veces pasa: hablando. Del tirón. Un par de pausas, pero las justas para tomar resuello y seguir soltando. Fíjense en un mail, un sms, un chat, vamos, eso tan al uso en nuestro día a día. Puedes elegir entre una escritura más pausada, analítica, estudiada… Sin embargo, el propio medio te empuja – no siempre; la excepción confirma la regla…– a teclear de manera casi automática. Ya no escribes, tecleas. Ahora estás hablando, estás contando. Decides enumerar cosas que ciertamente están pasando y otras que a veces pasan.

A veces pasa que quieres componer un bello poema que lo diga todo, que contenga toda la prosa posible en mil trescientas noventa y cuatro palabras.

A veces pasa que uno tiene todo el tiempo y vive en lo nimio, sin ser nimio nada si no ese tiempo que lo convierte en todo. – Gracias Merche por la charla aquel día lluvioso. –

A veces pasa que el parco encuentra siempre las palabras exactas.

A veces pasa que uno piensa en el QUID PRO QUO y no encuentra argumento alguno que fundamente un axioma tal.

A veces pasa que cuanto más piensa uno, menos pensamientos tiene.

A veces pasa que uno no puede despojarse de su barba, al igual que tampoco de su piel, su carne o sus huesos. Al fin y al cabo, es pelo. Algo de ti. Una parte y no una cosa.

– A veces el Arte es morirse de frio…– Le dice Tomás a Gabriel.

A veces pasan cosas que merecen ser escritas, habladas, contadas, leídas, escuchadas.

Achantie querid@ lect@r.– Les dice Ión Cía Álvaro.

En Valencia a 16 de abril del 2010.